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domingo, 8 de enero de 2012

Ciudadanos rebajados

Pequeños comercios y grandes superficies abrían ayer sus puertas a las nueve de la mañana –una hora antes de lo habitual si tomamos como referencia años anteriores-. Otros tantos lo harán también hoy domingo. Empresarios y profesionales confían en dejar atrás un periodo de escasas ventas y hacer su agosto en pleno mes de enero; los compradores, al acecho de una buena ganga (si es que realmente existen, porque si una cosa tengo clara es que con esto de los saldos nadie pierde dinero. Nunca ha dejado de ser cierto ese antiguo refrán que mantiene que “nadie da duros a cuatro pesetas”).
Lo inquietante del asunto es que llevamos en periodo de rebajas desde hace demasiado tiempo: rebajas de sueldo, de ayudas públicas, de derechos ciudadanos… en definitiva, de todo aquello que han dado en llamar conquistas sociales. Como consumidores, casi todos tenemos claro qué normativa han de cumplir los establecimientos y a qué garantías podemos acogernos; sin embargo ¿estamos dispuestos a defender garantías más importantes cuando los gobiernos europeos practican sus políticas de ajuste? Quizá si, como ciudadanos bien informados, visitásemos algún despacho con la misma intensidad con la que irrumpimos en esa tienda de ropa que tanto nos gusta no estaríamos donde estamos. Puesto que existen cauces establecidos para la queja, la sugerencia, la invitación y demás pataleos ¿Por qué no utilizarlos? Da pereza, lo sé… como todo, es cuestión de prioridades.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sin programa y a lo loco

Uno, que de política sabe lo justo (y, que estando las cosas como están, cada día cree hallarse más perdido que el anterior), ha descubierto que, además, es un ingenuo. Tanto como para pensar que los programas electorales deberían presentar planteamientos sólidos, estar bien construidos o, cuanto menos, meditados.Sean del color que sean, independientemente de las siglas que los adornen. Al fin y al cabo, se supone que los "competentes" equipos de especialistas que acompañan a nuestros políticos (bueno, quizá sólo a los de las grandes formaciones), han tenido casi cuatro años para elaborarlos, para evaluar distintas situaciones y ganar así la confianza de los ciudadanos basándose en propuestas claras y coherentes. Si embargo, echando un vistazo a los periódicos, es difícil que no surjan las dudas: ¿los programas electorales importan o es suficiente con una buena y eficaz campaña de marketing? Ay, que se me esfuman las ganas de votar...

jueves, 23 de diciembre de 2010

¿Los periodistas sobramos?

Para dar un poco de vida a este espacio, reproduzco un artículo de Ignacio Escolar que me ha parecido interesante:

En otra prueba más de que el consenso no es tan difícil cuando hay algún asunto de verdadero interés general, PSOE, PP, CiU y PNV han aprobado esta semana en el Congreso la esperada reforma de la ley electoral. Han tardado dos años y trae dos noticias. La primera: que la ley cambia para que todo siga igual; que el sistema de asignación de escaños por provincias seguirá penalizando a las minorías dispersas geográficamente –como IU o UPyD–, que continuarán pagando por cada diputado muchos más votos que los demás. La segunda: que los grandes partidos y sus bisagras periféricas también han pactado imponer a los informativos de televisión de las cadenas privadas la misma aberración antiperiodística que ya rige en las emisoras públicas: los bloques de información electoral por cuota.
Cuando llegue una campaña, si la ley no cambia en el Senado, los periodistas de televisión tendrán que coger el cronómetro y otorgar un tiempo tasado a cada partido proporcional a los votos que consiguieron la vez anterior. Dará igual lo que hagan los políticos, dará igual lo que digan. Dará igual si se molestan en responder a los periodistas o si se limitan a soltar su mitin: cada candidato tendrá cada día de campaña su parcelita garantizada en televisión. Es una imposición inaudita, desconocida en el mundo civilizado, que nos dejará un periodismo aún peor; una nefasta ley a la que hay que sumar esa extendida costumbre de nuestros políticos de convocar pseudoruedas de prensa sin preguntas, donde los periodistas sólo vamos a ver, oir y callar.
Esta misma noche, para rematar, se despide de la antena el maestro Iñaki Gabilondo. Que el periodista con más prestigio de España no tenga hueco en una tele donde reina Belén Esteban es algo que va más allá de la obscenidad.
Ignacio Escolar
"Público" 23/12/2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Malverse, sale (casi) gratis...

Creo que hemos batido un nuevo récord Guinness: 95 acusados en un proceso judicial por corrupción. Ahí es nada. Esto sí que es un macrojuicio y lo demás son tonterías. Repasar la lista de delitos que se les imputan produce, cuanto menos, vértigo: blanqueo de capitales, malversación de fondos públicos, cohecho o prevaricación son sólo algunos de ellos. Además, es el único caso que, lamentablemente, ha provocado la disolución al completo de una corporación municipal en nuestro país.
El entretenimiento está más que asegurado ya que entre los acusados encontramos a quienes en otros tiempos fueron alcaldes, un buen número de ex ediles, empresarios, constructores de dudosa reputación, abogados y hasta folclóricas. Personajes de lo más ilustre como ven. La crème de la crème, oiga. Y la cosa va para largo porque se prevé que las sesiones duren en torno a un año.
Pero si a usted lo que le preocupa es de qué vivirán ahora esos pobres rehenes de la justicia, puede estar tranquilo/a: el chófer de la Pantoja y demás personal de servicio (y, ya puestos, algún que otro procesado) estarán a punto de firmar su participación en varios programas de televisión y sus correspondientes retribuciones millonarias. Hambre no van a pasar.