Por si no lo sabían, hace semanas que no llueve en Irán. “Y, a mí, ¿qué me importa?” podrían contestarme ustedes… De acuerdo, lo admito, estamos ante un titular o una frase sin demasiado interés. Sin embargo, en este caso lo destacable no es la ausencia de precipitaciones en sí, sino la peculiar explicación que da de tal fenómeno el presidente del país, Mahmmud Ahmadineyad. Según él, las naciones occidentales han desarrollado procedimientos capaces de provocar sequía en lugares concretos del mundo como, por ejemplo, Irán. Viene a decir, además, que Europa les roba las nubes y las vacía. Por eso llegan sin una gota de agua a Teherán y alrededores. Ahmadineyad considera que este sería también el motivo por el que, durante los meses de otoño e invierno, nuestro continente se benefició de abundantes nevadas. En fin, una teoría conspirativa más. ¿A que les suena a maniobra de distracción?
"Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento" (Mario Benedetti)
sábado, 4 de junio de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Por primera vez los jóvenes creen que su vida será peor que la de sus padres
Interesante artículo de Celeste López para La Vanguardia:
Los jóvenes españoles, que forman parte de la generación más preparada de todos los tiempos, la primera que vive en un mundo (al menos, el europeo) en el que impera la democracia, y la primera que ha vivido de manera mayoritaria en la abundancia es también la primera que asume que suscondiciones de vida futuras no serán mejores que la de sus progenitores. Algo sorprendente si se presupone que uno de los principales motores del desarrollo social es precisamente el esfuerzo de las generaciones por superar a sus predecesores. Pese a ello, se muestran mayoritariamente de acuerdo en que las condiciones de vida han mejorado. Al menos esto es lo que se desprende de los últimos trabajos realizados por sociólogos y antropólogos sociales, confirmadas por encuestas sobre perspectivas de futuro de la también llamada generación internet.
Gran parte de este convencimiento tiene sus raíces en las cifras del paro, que golpean duramente a la población juvenil desde hace años y que, en los últimos tiempos, se han convertido en una losa para los jóvenes españoles. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre del 2010, la tasa de paro afectaba ya a casi el 33% de los jóvenes, porcentaje que esconde un desempleo aún mayor ya que la EPA evalúa la población de entre 16 y 29 años y, en la primera franja, una buena parte aún está estudiando.
Esta realidad –el azote del desempleo– condiciona el discurso de la población juvenil y su percepción del futuro, señala Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), entidad con una amplia trayectoria de investigaciones sobre la juventud. Sin embargo, Megías cree que, al margen de la situación económica, la valoración de que su futuro será peor que el de sus padres va más allá de lo económico: los jóvenes creen que el bienestar y la calidad de vida, asociada a conceptos como el disfrute del tiempo libre, la salud, el mantenimiento de relaciones saludables, empeorarán “porque las necesidades económicas se harán más exigentes”.
Es imposible, según los estudios de la FAD, separar de la percepción de los jóvenes el contexto de crisis en el que está sumido gran parte del mundo. Pero, sea como fuere, el mensaje de que el futuro será peor ha calado y se proyecta más allá del fin de este ciclo económico bajista. Así, casi la mitad de los jóvenes españoles declara su falta de confianza en un futuro prometedor y más de uno de cada tres considera que “por muchos esfuerzos que uno haga en la vida nunca se consigue lo que se desea”, según el sociólogo Juan María González-Anleo en la investigación Jóvenes Españoles 2010 (Fundación SM). En esta línea, más del 62% de la población juvenil se declara de acuerdo con la frase “la crisis económica actual tendrá un impacto muy negativo en mi futuro profesional y personal”.
El grupo de sociólogos que trabajó en este informe cruzó los datos obtenidos de sus encuestas (más de 3.000 cuestionarios) con los del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y del Eurobarómetro. De este trabajo se vislumbra que los jóvenes españoles de hoy se sienten más derrotados por las circunstancias que rebeldes, algo que para muchos expertos es símbolo de conformismo (una encuesta de Metroscopia señala que el 54% de los jóvenes dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente ilusionado). Sin embargo, otros creen que es pronto para hablar de conformismo, pues esta generación está estableciendo nuevas maneras de estar en la sociedad, interrelacionarse e incluso de establecer sus nuevas prioridades vitales, que no tienen por qué coincidir con las de sus mayores.
El futuro se vislumbra con muchas sombras, todo a causa del desempleo y, lo que a veces es peor, los trabajos precarios, con bajos salarios y escasas garantías de seguridad. El riesgo de que esta situación se prolongue es la exclusión social, según revelan los trabajos del Grupo de Estudios sobre Tendencias Sociales (GETS) de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, máxime cuando la falta de trabajo o el trabajo precario son la principal puerta para quedarse al margen de un sistema social basado en la producción. El trabajo constituye el eje central donde gira parte de la vida social de un país, “es el punto clave para la paz social, la integración personal y social del ciudadano y para la evolución de un pueblo”, señala el sociólogo Manuel Marín Sánchez.
En este contexto, el catedrático de Sociología José Félix Tezanos advierte de que, si el grupo de excluidos se ampliara y llegara a alcanzar a una parte de los que ahora están integrados en la sociedad, el riesgo de conflicto y de tensiones crecería de manera exponencial, como han puesto de manifiesto las protestas de los ciudadanos, sobre todo, los jóvenes, de países árabes.
Sin embargo, la posibilidad de conflicto parece remota en España, sobre todo porque las familias siguen ejerciendo el papel de apoyo. Y porque, quizá, los jóvenes están sopesando otro mundo distinto al heredado.
lunes, 14 de febrero de 2011
Un forro polar para los coj..., sí, para los coj...
Dicen los meteorólogos que, tras unos días que parecían demasiado primaverales, vuelve el frío propio de esta estación. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la expresión “hace un frío de cojones”? Bien, pues ahora hasta esa zona tan sensible de la anatomía masculina podrá contar con su propia bufanda, guante o calcetín, lo que usted prefiera. Exacto, como lo oye, algo así como un forro polar para el paquete. La idea la comercializa una empresa norteamericana y está pensada para todos aquellos que practican deporte al aire libre durante el crudo invierno. ¿Estará disponible esta nueva “prenda” que nos brinda la moda en distintas tallas o mejor no hablar de tamaños? ¿Qué considerarán tamaño estándar? ¡¡Qué mundo este!!
Curioso artilugio que descubrimos gracias a la columna de David Arango en “La Voz de Asturias”, porque nunca está demás el sentido del humor y porque, en los tiempos que corren, se agradece que, de cuando en cuando, el periódico te haga sonreír.
sábado, 12 de febrero de 2011
Que dicen que es sexy, oiga....
Ayer leía en el periódico un titular que quizá os cueste creer: "Belén Esteban, entre las 100 mujeres más sexys del mundo". Inquietante. Por lo visto se trata de una lista confeccionada por la revista masculina FHM, vaya usted a saber con qué criterio. No sé qué me preocupa más, si la lista en sí o el hecho de que tal "noticia" ocupe espacio en la prensa diaria.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Becarios y precarios hasta los 40
Uno se pregunta cómo ser joven y no “morir” –de hambre- en el intento; puede que esa frase recuerde al título de una película pero, por desgracia, no lo es… aunque, estaríamos ante un dramón con mayúsculas. Vivimos una época peculiar en la que, de nuevo, se buscan trabajos bien remunerados en Alemania o en Disneyland París. Amigos, parece que toca emigrar. No me preocupa jubilarme a los 67 o a los 65. Me inquieta lo que pueda sucederme ahora, el hoy, porque de ello dependerá el mañana, ese futuro que a todos nos gusta imaginar. Lamentablemente, los contratos precarios no son compatibles con la planificación ni con el desarrollo una vida realmente adulta e independiente. Se nos dijo que la formación nos abriría muchas puertas (las del Servicio de Empleo quizá sí…). Pues bien, nos hemos formado, casi hasta llegar a coleccionar títulos, hablamos idiomas y algunos hasta han recorrido buena parte del mundo para conocer otras culturas y bla bla bla. El caso es que, ahora, no nos dejan demostrar qué podemos hacer con todo ese “saber” acumulado y, cuando nos permiten trabajar, o no nos dan de alta en la Seguridad Social o nos vemos obligados a asumir que seremos becarios hasta cumplir los cuarenta. ¡Bien! Así, con un poco de suerte, cuando tenga 73 podré optar a un crédito para comprarme un piso. La generación ni-ni dicen… y una mierda. Así las cosas no es extraño que uno piense si es posible, de verdad, cambiar las cosas. Todo se andará.
jueves, 23 de diciembre de 2010
¿Los periodistas sobramos?
Para dar un poco de vida a este espacio, reproduzco un artículo de Ignacio Escolar que me ha parecido interesante:
En otra prueba más de que el consenso no es tan difícil cuando hay algún asunto de verdadero interés general, PSOE, PP, CiU y PNV han aprobado esta semana en el Congreso la esperada reforma de la ley electoral. Han tardado dos años y trae dos noticias. La primera: que la ley cambia para que todo siga igual; que el sistema de asignación de escaños por provincias seguirá penalizando a las minorías dispersas geográficamente –como IU o UPyD–, que continuarán pagando por cada diputado muchos más votos que los demás. La segunda: que los grandes partidos y sus bisagras periféricas también han pactado imponer a los informativos de televisión de las cadenas privadas la misma aberración antiperiodística que ya rige en las emisoras públicas: los bloques de información electoral por cuota.
Cuando llegue una campaña, si la ley no cambia en el Senado, los periodistas de televisión tendrán que coger el cronómetro y otorgar un tiempo tasado a cada partido proporcional a los votos que consiguieron la vez anterior. Dará igual lo que hagan los políticos, dará igual lo que digan. Dará igual si se molestan en responder a los periodistas o si se limitan a soltar su mitin: cada candidato tendrá cada día de campaña su parcelita garantizada en televisión. Es una imposición inaudita, desconocida en el mundo civilizado, que nos dejará un periodismo aún peor; una nefasta ley a la que hay que sumar esa extendida costumbre de nuestros políticos de convocar pseudoruedas de prensa sin preguntas, donde los periodistas sólo vamos a ver, oir y callar.
Esta misma noche, para rematar, se despide de la antena el maestro Iñaki Gabilondo. Que el periodista con más prestigio de España no tenga hueco en una tele donde reina Belén Esteban es algo que va más allá de la obscenidad.
Ignacio Escolar
"Público" 23/12/2010
Ignacio Escolar
"Público" 23/12/2010
lunes, 29 de noviembre de 2010
¿Ojos que no ven corazón que no siente?
“Ojos que no ven corazón que no siente”, dice el refrán. Mentira. Yo añadiría un pequeño matiz: ojos que no quieren ver… porque el dolor sí que está ahí. Lo que pasa es que nos asusta enfrentarnos a otro mayor, el que supone admitir que nos han vuelto a joder (y a pesar de la palabra, aquí no hay placer posible). En otras ocasiones, no podemos hacer descansar la culpa sobre los demás porque hemos sido nosotros mismos quienes hemos vuelto a tropezar con la misma piedra, a veces, incluso a pesar de las señales que advertían del peligro. Se supone que, con los años, uno aprende de la experiencia y así será, sin duda; pero como esas vivencias cambian con nosotros nunca estamos a salvo de sufrir un traspiés. Si se mira con cierta perspectiva, quizá no sea tan malo soportar de cuando en cuando pequeñas caídas ¿no resultaría demasiado triste llegar a la meta sin las huellas de haber participado en la carrera? No es que sea masoca y me guste sufrir, en absoluto, sólo creo que la vida deja heridas, cicatrices (unas visibles y otras no tanto) y yo quiero aprender a curar las mías.
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